Todas las personas son cada vez más conscientes de que la sociedad está conectada gracias al mundo de Internet. Pero no a un nivel espiritual, ni siquiera puede hablarse de una conexión interpersonal entre usuarios en el área de las comunicaciones, sino que el Internet de las cosas va más allá de los internautas, pues tiene objetos conectados. Hasta hace poco se podía hablar de frikimaníacos, de tecnoadictos, amantes de las tecnologías y aplicaciones e incluso ha habido tendencias de personas que han manifestado su ilusión por convertirse en ciborgs (organismos cibernéticos).

Pero el siglo XXI realmente ha supuesto una revolución general en el ámbito de las tecnologías, lo que ha provocado que la sociedad viva rodeada de objetos conectados. No se trata solamente del teléfono móvil o la tableta, ni por supuesto del ordenador, ahora casi todos los objetos de la vida cotidiana han dejado de ser meros objetos inanimados para transformarse en auténticos gadgets, con muchas utilidades para quienes los portan y, evidentemente, conectados a la red.

Internet de las Cosas y objetos conectados, ¿cómo funciona?

Qué es “Internet de las cosas”

También es conocido como “internet de los objetos”, hace referencia a que la mayoría de los objetos cotidianos están interconectados digitalmente a través de Internet. Es un concepto relativamente reciente, que nació en el año 1999 en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, acuñado por Kevin Ashton mientras investigaba la identificación por radiofrecuencia en red, junto con la tecnología de sensores. Se trataba de algo absolutamente revolucionario, que pretendía conseguir que los objetos se conectaran entre ellos y ofrecieran al usuario información en tiempo real. Fue un sueño hecho realidad que ya existía previamente en el deseo de Bill Joy, uno de los pioneros desarrolladores de software, cuando años atrás ya imaginó la comunicación de dispositivo a dispositivo.

Como ha sido desde sus inicios, la tecnología, ayudada ahora de las habilidades que le aporta Internet, tiene como objetivo principal facilitar la vida a las personas y hacer que su existencia sea más cómoda. Consciente de que la sociedad actual vive sumergida en las prisas y que tiene muy poco tiempo disponible, Internet de las cosas persigue que los objetos de la vida cotidiana multipliquen su utilidad y los servicios que ofrecen. Todavía los estudios apenas están avanzando, queda mucho camino por recorrer. Pero en el día a día la sociedad ya es testigo de esta nueva tendencia del Internet de las cosas. Y es que está presente en cada vez más actividades: gafas inteligentes, relojes inteligentes, pulseras inteligentes… En definitiva, las personas viven rodeadas de inteligencia artificial.

Cómo funciona el Internet de las cosas

El método consiste en introducir un chip en cualquiera de los objetos de la vida cotidiana. Con este chip, el objeto podrá procesar y transmitir información de manera constante a través de Internet. De este modo, los usuarios podrán disfrutar de servicios nunca vistos y gozar de muchas comodidades que antes habrían sido imposibles de imaginar.

Los objetos conectados más curiosos

Para el año 2020 se estima que habrá unos 50.000 dispositivos que se conectarán a Internet. Algunos de estos objetos conectados son, por ejemplo:

  • El reloj inteligente: su funcionamiento es similar al PDA, operando como un teléfono móvil o incluso como un ordenador. Un reloj inteligente puede reunir las funciones de acelerómetro, termómetro, altímetro, barómetro, brújula, calculadora, teléfono móvil, GPS, agenda, reloj, micrófono o módem, entre otras.
  • La ropa inteligente o wearable technology: prendas de ropa con diferentes funcionalidades, entre las cuales destaca la de monitorizar las pulsaciones de los deportistas, al igual que hacen otros objetos inteligentes como los relojes y las pulseras. Pero también podría conocer las facultades bioquímicas de una persona para ofrecer al médico un diagnóstico más rápido y preciso sobre su salud. Se espera que, en tan sólo dos años, para 2016, ya sean 26 millones las prendas vendidas.
  • Zapatillas que informan al usuario sobre la distancia que ha recorrido.
  • Pulseras inteligentes: son muy usadas por los deportistas, ya que sirven para controlar los pasos, indicar las calorías quemadas, el ritmo cardíaco y otras variantes.
  • Las gafas inteligentes: permiten a quien las lleva obtener información inmediata acerca de los objetos que está visualizando. Es de gran utilidad para los museos y lugares de muestras artísticas, pero también para conocer datos sobre edificios en la ciudad, y sobre cualquier cosa. También permiten grabar películas o tomar fotos. Pero las opciones van más allá: sirven también para pagar y comprar objeto y pedir envíos a domicilio.

Otros objetos conectados que serían sumamente útiles para cualquier hogar son los electrodomésticos inteligentes, que se conectan antes de llegar a casa, por ejemplo, para poner la calefacción y que haya buena temperatura cuando se vuelve del trabajo, o para preparar la comida.

  • Frigoríficos que informan de qué productos hacen falta y, tal vez, pedirlos al supermercado.
  • Tenedores inteligentes, para controlar que se mastica correctamente y a buen ritmo para una buena alimentación.
  • Lámparas que se encienden solas, al paso del usuario y cuando es necesaria la iluminación.
  • Inodoros que analizan la orina y ofrecen consejos sobre dietas.
  • Cepillos de dientes que avisan si detectan caries.

Pero la era de los objetos conectados o Internet de las cosas, si bien aún está en plena evolución, no es del todo innovadora, ya que existen antecedentes ya longevos de esta. Por ejemplo, las mascotas llevan un chip injertado en su piel que ofrece datos sobre su identidad, o las personas con marcapasos, para monitorizar su corazón también gozan de un objeto conectado. En el ámbito de la automoción, el sistema de sensores que advierten al conductor cuando está aparcando para evitar accidentes con otros vehículos, también es parte del Internet de las cosas. El último paso, antes de llegar a objetos más avanzados, ha sido el smartphone.

El día que todos los objetos y seres del mundo estén conectados será posible identificar y localizar objetos perdidos o robados, o controlar el hogar desde la oficina revisando si es necesario hacer la compra y qué productos es necesario renovar. Toda una revolución la que propone el Internet de las cosas, que promete una vida llena de comodidades. Especialmente útil, por ejemplo, en el hogar de personas ancianas o enfermas.