Las pulseras conectadas nacieron con la intención de facilitar las tareas cotidianas. Exponentes del Internet de las cosas, desde su descubrimiento se superan cada día con nuevas funcionalidades. Abarcan desde un podómetro hasta medidores de control del sueño y compiten por convertirse en auténticos preparadores físicos.

Casi todas las marcas tecnológicas se han lanzado al segmento de los medidores de actividad. En función de un objetivo u otro, el usuario puede decantarse por elegir el brazalete que más se adapte a su ritmo de vida. Pero ¿qué diferencia a unos de otros?

Pulseras conectadas, un gran aliado para el culto al cuerpo

Un modelo para cada persona

La amplia mayoría ofrecen registro de actividad física y recuento de calorías, pasos y ciclos de sueño mediante la conexión a un móvil u ordenador. No obstante, poco a poco surgen nuevas propuestas:

  • Con medidor de oxígeno en sangre. Este ejemplo de unión entre salud conectada y culto al cuerpo resulta apropiado para asmáticos o deportistas acostumbrados a grandes alturas.
  • Como un entrenador personal. Analizan cronológicamente la actividad y proponen al usuario un número de horas de sueño óptimo para la siguiente jornada. Ofrecen datos del estado físico nada más despertar y permiten fijarse objetivos con un sistema social de recompensas. Las hay también con pulsómetro para medir el ritmo cardiaco.
  • A modo de nutricionista. Permiten añadir una dieta alimentaria de forma manual o escaneando los códigos de barras a través del smartphone. El usuario puede conocer así cómo influye su alimentación en el rendimiento físico.
  • Con dimensión social. Existen modelos que informan de la vida digital de la persona que las lleva: tiempo en redes sociales, mensajes o comunicaciones recibidas con el móvil. En el lado opuesto, otras premian la cultura del esfuerzo a nivel individual y no permiten compartir los datos con otros usuarios.
  • Sumergibles. Posibilitan su uso en deportes como la natación (50 metros), sin renunciar a la ducha o el aseo.
  • Más horas de autonomía. Algunas pulseras cuentan con hasta un año de autonomía, todo un reto si se considera que suelen disponer de una batería que necesita recargarse cada 5 o 10 días.
  • Con estilo y discreción. A diferencia de las anteriores, algunas marcas han decidido escoger el camino de la elegancia renunciando a la pantalla. Constituyen pulseras más agradables al tacto y ligeras (20 gramos). Pensadas para el ejecutivo o ciudadano, combinan perfectamente con cualquier tipo de prenda y casi no se aprecia que se lleven puestas.

En definitiva, existen para todos los perfiles: tanto para usuarios apasionados por el culto al cuerpo como para los que buscan únicamente un uso lúdico. En todos los casos, a la hora de adquirir una pulsera conectada, se debe verificar que resulta compatible con todos los smartphones y que incluye Bluetooth para una conectividad 24 horas.